Para nadie es un secreto la situación que se vive en Venezuela, la crisis diaria por la que deben atravesar cientos de ciudadanos que luchan por salir del país buscando una mejor vida para ellos y sus familias. La pandemia sólo agudizó aún más las dificultades.

Colombia ha sido uno de los países que ha recibido en el último tiempo a migrantes del vecino país. Según Migración Colombia, en el territorio nacional se encuentran distribuidos 1.7293.537 ciudadanos venezolanos, cifras recopiladas para el 31 de diciembre de 2020.

Sin embargo, más allá de los números, encontramos historias de vida, algunas con mayor suerte que otras. Yelimar Coromoto Pérez, es una de ellas. Viene del Estado Portuguesa de Venezuela y llegó al país hace más de un año. Luego de instalarse montó un puesto de empanadas en Cedritos, un espacio al que ella llama con mucho cariño ‘mi pequeña empresa’.  

No tuvo que sufrir adversidades para llegar a Bogotá, esas que otros caminantes tienen que vivir al cruzar trochas o las largas carreteras de Colombia. Trajo ahorros para sobrevivir por dos meses y al poco tiempo consiguió trabajo con una jueza que le tendió la mano mientras ahorraba para comprar lo necesario para su carrito ambulante.

“Ningún trabajo es humillante, al contrario, siempre hay que salir adelante”.

Es Licenciada en Educación Integral y estuvo ejerciendo por tres años su profesión en un colegio de Venezuela. Cuenta que “la situación económica es fuerte allá y lo mismo la social, pues si bien contaba con un sueldo en mi país, si un día compraba algo de comida al otro no podía, o pasaban días que no podíamos comprar algunos productos por la escasez en los supermercados, tocaba recorrer varios almacenes para conseguir lo mínimo. Como toda familia necesitábamos comer bien, pagar servicios y cubrir las necesidades básicas de la casa”. No vivía llena de lujos, asegura, pero todos estos altibajos influyeron para tomar una decisión y emprender un nuevo rumbo. 

Con 35 años, Yelimar hace parte de los 762.823 migrantes regulares que se encuentran en el país y se siente feliz de estar aquí, sueña con volver a su tierra natal, pero por ahora busca la manera de seguir construyendo un futuro a través de su ‘empresa’.

“Me encanta mi puesto y quisiera tener otro más, seguir siendo mi propio jefe y trabajar de manera independiente, ser tal y como soy. Aquí (en su puesto de empanadas) he podido conocer gente y darle motivación a otros para que monten sus propios puestos y decirles que, si se puede hacer lo necesario para salir adelante”, comenta Pérez.

El sueño de continuar siendo educadora en nuestro país sigue vigente, por ahora, su historia de lucha y ganas por salir adelante junto a su familia es su prioridad. No le avergüenza tener que vender empanadas en la calle, pues asegura que ningún trabajo es humillante.

Su empatía y frescura la caracterizan al hablar, asegura que lo que más extraña es su familia, pero aún no quiere volver a su país, aquí se siente feliz con la gente, con lo poco que ha ido conociendo de la ciudad y con su puesto.

“Aquí en Colombia hay muy buena fuente de trabajo, lo que pasa es que hay que salir a buscarla”

Con su mensaje de esfuerzo y empuje, espera que los 966.714 compatriotas irregulares, puedan mejorar su situación y los que llegan, encuentren oportunidades.

“Acá sí se puede salir adelante, se puede agarrar un termo de café y salir a vender. Sobran las ganas y la motivación de hacerlo”, es la reflexión que envía Yelimar a colombianos y compatriotas que buscan salir adelante.

You may also like

More in:TRABAJEMOS